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miércoles, 16 de marzo de 2011

Leopoldo II: protagonista del mayor genocidio de la historia.

Leopoldo II de Bélgica es uno de los mayores genocidas que ha conocido la Tierra, aunque sus barbaridades no son muy conocidas al tratarse de unas víctimas totalmente anónimas y sin ningún poder político ni económico: los congoleños.

Aunque resulte verdaderamente difícil establecer el número exacto de muertos que pudo provocar el régimen de esclavitud que perpetró Leopoldo en su posesión particular en África, las últimas estimaciones de los historiadores nos indican que pudieron ser más de 10 millones de personas asesinadas directamente o indirectamente como consecuencia de las hambrunas o enfermedades durante el periodo de 1885 a 1908. Es decir, más de los que murieron como consecuencia de la Primera Guerra Mundial y bastantes más que los muertos en los campos de exterminio nazis. El peor genocidio que ha visto el mundo.

Todo esto empezó en 1885 cuando el rey Leopoldo II de Bélgica ansioso de conseguir  nuevos territorios para su pequeño país, compró una parte del Congo tan grande como Europa, gracias a los buenos oficios del explorador inglés Henry Morton Stanley. Leopoldo bautizó a este nuevo territorio como Estado Independiente del Congo.

Por esas mismas fechas un genial veterinario irlandés llamado John Dunlop inventó unos tubos de goma llenos de aire para el triciclo de su hijo que revolucionarían el mercado de las bicicletas primero y, después, el del incipiente mercado del automóvil. Y precisamente cuando se produjo la fiebre del caucho, Leopoldo acababa de adquirir su propio territorio personal que, casualidades de la vida, era rico en caucho, por lo que enseguida puso a trabajar de forma esclava a toda la población congoleña para sacar el máximo beneficio de sus plantaciones de caucho salvaje hasta ostentar durante varios años el monopolio virtual en el mercado internacional.

A partir de entonces instauró un régimen de terror ideado para obtener la máxima producción de caucho exportable sin tener en cuenta el coste humano. Como las plantaciones en estado silvestre hacían necesario trepar a los árboles y esto no podía hacerse con los pies encadenados, los funcionarios del rey controlaban a los hombres haciendo rehenes a esposas y hijos hasta que aquellos cumplieran sus cuotas de producción. Si no lo hacían les cortaban las manos a sus hijos o mujeres.

La realidad de tamaña salvajada salió a la luz pública gracias a un empleado inglés de una compañía naviera de Liverpool, Edward Dene Morel, encargado de verificar cargamentos y cuyo trabajo habitualmente le llevaba a Bélgica donde supervisaba la carga y descarga de barcos procedentes de Congo. Él descubrió que la mayoría de cargamentos salientes contenían armas pequeñas y munición y que no había pruebas de que se comerciara con los que producían el caucho importado del Congo. Alguien estaba ganando “discretamente” millones de francos belgas.

lunes, 14 de marzo de 2011

El Reino Unido durante la Época Victoriana.

 Desde 1837 a 1901, bajo el reinado de Victoria I, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda alcanzó su máximo esplendor. Su política exterior se resume en la expresión "espléndido aislamiento": el Reino Unido entendía su Imperio por ultramar desentendiéndose de los asuntos europeos, siempre que no pusieran en cuestión su predominio naval.

Al principio del reinado la hegemonía británica era indiscutible en lo que concierne a la industria y a la marina, pero al final del siglo surgieron serios competidores, como Estados Unidos, Alemania y Japón.
Esta nueva situación obligaría a los británicos a implicarse en el juego de las alianzas y a abandonar el "espléndido aislamiento".

El sistema político británico sobresalía por su estabilidad. Se basaba en el bipartidismo, es decir. en la alternancia pacífica de los dos partidos principales en el gobierno (conservadores y liberales)
No obstante, los británicos se enfrentaban al problema de Irlanda, decontenta con su incorporación forzada al Reino Unido. Al final del período, el eclipse del partido liberal, escindido por la cuestión irlandesa, dio paso al partido laborista.


El Imperio Ruso.

El Imperio Ruso era un gigante territorial y demográfico muy atrasado desde el punto de vista social, político y económico:

Era la única gran potencia que aún no contaba con un régimen parlamentario.

La servidumbre de los campesinos no fue abolida hasta 1861.

A finales del siglo, Rusia emprendió una rápida industrialización que provocó graves tensiones sociales. El signo más visible de la modernización fue la construcción de ferrocarriles como el transiberiano, que unía Moscú con el Pacífico.

Las ambiciones del Imperio Ruso se dirigían hacia Europa Oriental, Asia Central y Extremo Oriente. En la primera de esas zonas su expansión chocaba con austríacos y turcos, mientras que en las otras dos suscitaba el recelo de británicos y japoneses.


El Imperio Austro-Húngaro.

La doble derrota de Austria en 1866 supuso el fin del sueño de la Gran Alemania y la pérdida de sus últimas posesiones en Italia: desde entonces, la monarquía de los Habsburgo proyectó sus ambiciones hacia los Balcanes, donde rivalizarían con Rusia por el reparto de los restos el Imperio otomano en Europa.

La crisis interna se resolvió a través del Compromiso de 1867: el Imperio pasó a llamarse austro-húngaro, y se convirtió en una monarquía dual, unida por la persona del monarca, a la vez emerador de Austria y rey de Hungría. Pero, aunque detentaban el poder político, tanto austríacos como húmgaros eran minoría dentro del Imperio.

La mayor amenaza para la subsistencia del Imperio provenía de los nacionalismos separatistas de eslavos y otros grupos étnicos.

La Tercera Repúbica Francesa.

Tras la caída del Segundo Imperio francés, en París se proclamó la Tercera República. Francia se consolidó en las siguientes décadas como única potencia republicana del continente.

En política interior, se consumaba la división entre la izquierda (republicana y laica) y la derecha (clerical y aoturitaria), A final de siglo, la tensión estallaría con el caso Dreyfus, un escándalo de espionaje y corrupción militar que dividió a la sociedad y puso de manifiesto la fuerza del antisemitismo o racismo dirgido contra los judíos.

En política interior, la diplomacia impuesta por Bismarck supuso un peligroso aislamiento, del que no saldría hasta su acercamiento a Rusia, ya en la década del 1890. Al mismo tiempo se produjo una gran expansión colonial en ultramar.


El Segundo Reich Alemán.

A partir del 1871, el Segundo Reich Alemán se consolidó como la primera potencia continental.
Tras reconciliarse con Austria, el empeño de Bismark era aislar diplomáticamente a Francia para impedir su revancha por la pérdida de Alsacia y Lorena.

Su primer sistema de alianzas, que unía a Tres Emperadores ( el alemán, el austríaco y el ruso) fracaso por la cuestión de oriente ( es el nombre que se le daba a la competencia enre rusos y austríacos por repartirse los territorios del Imperio otomano en los Balcanes, frente al interés de Gran Bretaña por mantener la situación).

En la década de 1880 concertó la Triple Alianza con Austria-Hungría e Italia. Se aseguró también el apoyo ruso y la neutralidad de gran Bretaña, satisfecha por la renuncia de Bismarck a un imperio colonial. Berlín fue el centro diplomático mundial.

 En 1890, Bismarck fue separado del poder por el nuevo káiser Guillermo II, cuya torpe política desmontó en poco tiempo el sistema de alianzas.

Durante el último tercio del siglo, Alemania se industrializó de forma acelerada. Bismarck había introducido reformas para luchar contra la influencia del partido socialdemócrata alemán, el más poderoso de Europa.